Si quieres hijos emocionalmente sanos, primero debes sanarte a ti

hijos emocionalmente sanos

La mayoría de las mujeres desde que estamos embarazadas; una de las cosas que más deseamos es ser una buena madre; cuando nuestro bebé nace este anhelo se hace más grande.  Cumplir eso no siempre es tan sencillo como parece.

Es muy común entre las mamás decir cosas como: quiero darle a mi hijo lo que yo no tuve; quiero ser la madre que me hubiera gustado tener; no quiero ser como mi mamá; no te trataré como me trataron. Por  otro lado; están las mujeres que repiten patrones de los padres, por ejemplo; si de pequeño sufriste de violencia es probable que tú también seas violenta.

Cualquiera de las situaciones anteriores hacen que no seas del todo tú con tus hijos; una porque estás en constante lucha por no ser como fueron contigo y la segunda por repetir patrones y comportamientos. No digo que sea malo querer ser mejor de como fueron contigo, el error está en estar pensando todo el tiempo en eso.

Los hijos son el tesoro más valioso que tenemos, querer y procurar su bienestar es nuestra obligación como padres; no basta solo con alimentarlos y vestirlos, también es muy importante el desarrollo emocional que les demos.

Debes enfocarte en ser la mejor mamá que tu hijo necesita. Saber y entender lo que como hija viviste es importante; pero no debe ser el motor que te guíe para con tus hijos. Si estás todo el tiempo pensando en no ser como tu madre, pierdes el enfoque de hacerlo verdaderamente bien y si repites la historia que viviste, peor aún.

Claro que trabajar en esto no es del todo sencillo. A continuación voy a darte unas recomendaciones, que pueden ayudarte en tu proceso de mejora porque definitivamente; si quieres hijos emocionalmente sanos, primero debes sanarte a ti.

Un reencuentro con tu niña interior

En el mar de emociones que conlleva la maternidad; en algún punto sin duda vuelves a conectar con tu niña interior. La mayoría de las veces la niña que sale es la niña herida; esa niña que tiene coraje; tristeza o algún otro sentimiento reprimido obtenido durante la infancia.

La infancia es la raíz de nuestra forma de ser en su gran mayoría. Ser mamá te lleva a reencontrarte con las carencias y vivencias que tuviste de niña; aquello que por la razón que sea papá y mamá no pudieron darte.

Si a esto le sumamos que en la escuela también debías: ver, oír, callar y obedecer;  ambas situaciones pudieron ser las detonantes de que hoy no seas una persona auténtica y a actuar solo para que los demás te aceptaran (padres, profesores, familiares, etc). De esta manera es que muchas personas no saben comunicarse, ni manejar sus emociones y sentimientos.

¿Quieres que tu hijo pase por lo mismo que tú?  Sé que no, si no evidentemente no estarías aquí 🙂

Y me podrías decir: Tere ¿Cómo puedo dar algo que no he tenido, ni sentido? Puedes hacer lo que a continuación voy a decirte; un paso importante lo has dado ya y ese es que quieres mejorar.

Un viaje a tu interior

Lo primero que te recomiendo hacer es que hagas un viaje a tu interior, qué mires dentro de ti y reconozcas las carencias, necesidades que tuviste de niña; ¿qué sientes? Nombra eso que estás sintiendo. La meditación es una excelente forma de reconectar, pero si a ti no te gusta meditar, hay otras formas; hay profesionales que te pueden ayudar en el camino, Psicólogos, Coaches, personas que ya han pasado por este proceso.

Date la oportunidad de sentir enojo, frustración, tristeza, si quieres llorar llora; si quieres gritar, grita; si quieres golpear, toma un cojín o una almohada y golpéalo. Todo esto hazlo a solas.

Entiende y acepta las vivencias de tu niñez

Trata de entender a tus padres, el por qué actuaron de cierta forma y libérate de los malos sentimientos. En lo personal no estoy de acuerdo con que debes perdonar si no te nace de verdad. El perdón debe ser real, honesto y desde el corazón. No se trata solo de decir te perdono, sino de sentirlo.

Por todas partes vemos cosas acerca del perdón; pero no coincido con que forzosamente debes perdonar, hay situaciones que considero no se perdonan y no se trata de vivir con rencor, eso es sumamente nocivo; lo que si debes hacer es aceptar y soltar; eso te permitirá liberarte. Tus padres tal vez no actuaron por maldad y no fue su intención hacerte daño, posiblemente ni siquiera sabían lo que desatarían con su forma de tratarte cuando eras niño.

Tus padres actuaron de la forma que consideraron conveniente, y en base a sus posibilidades. Piensa que la forma en que tus abuelos los educaron forjaron esa forma de ser, desafortunadamente tu pudiste haber sufrido las consecuencias de aquellos actos.

Pero la educación de tus hijos es tuya, el aquí y el ahora dependen de ti y este es el mejor momento de romper la cadena desastrosa e iniciar una nueva historia.

Al final de todo esto debe venir el proceso de cambio y  transformación, debes tomar la responsabilidad de ti misma.

Reconcíliate con tu niña interior

Cada que quiera salir tu niña interior permítele hacerlo; recíbela; trátala bien; arrópala; empatiza con ella; entiende su situación y sentimientos; satisface sus necesidades. Puedes empezar teniendo una plática con tu yo de niña o escríbele una carta, lo que más se te facilite.

Es un camino largo, pero en cuanto empiezas a ser consciente de tus emociones y sentimientos, es más fácil detenerte a pensar ¿por qué ciertas situaciones con tus hijos te sacan de quicio? Piensa que tus hijos sobre todo cuando son pequeños, no hacen las cosas por molestarte o por hacerte quedar mal, son solo niños que están aprendiendo a vivir y que están descubriendo el mundo.

Empatiza con tus hijos

Muchos adultos cometen el error de callar a sus hijos, de no darles voz y desde muy pequeños se les enseña a que lo que piensan y sienten no es importante y de adulto te preguntas ¿por qué me cuesta tanto trabajo decir lo que pienso y siento?

Los niños no saben canalizar sus sentimientos; por eso en ellos el enojo y la tristeza son más intensos, incluso la alegría,  y a veces nosotros como adultos lo que hacemos es juzgarlos en vez de entenderlos y acompañarlos en la gestión de sus emociones.

Cada que no les damos voz a nuestros hijos estamos bloqueando su capacidad de comunicación, no les estamos permitiendo ser ellos mismos.

Cuando tus hijos quieran decir algo, permíteles expresarse y evita a toda costa emitir juicios de lo que dicen y hacen; por ejemplo decirle llorón, ridículo, tonto; de ninguna manera les pongas etiquetas.

Si observas que tu hijo está enojado, ¿pregúntale que le pasa? Dile que si puedes ayudarlo en algo; ¿Qué necesita? Todo con amor y respeto.

Intenta ponerte en el lugar de tu hijo y piensa como te sentirías tú con los actos y palabras que dices.

La niña que fuiste, la madre que eres

Cuando perdemos la paciencia con nuestros hijos; muchas veces lo que estamos sintiendo en ese momento es un reflejo de alguna experiencia que tuvimos en nuestra infancia.

Si no has podido sanar esas heridas, es fácil que tus hijos con alguna actitud enciendan la mecha; desafortunadamente te desquitas con las personas menos culpables y eso puede seguir así de generación en generación.

Cuando nos enojamos con nuestros hijos, en esa discusión no hay un niño y un adulto, sino dos niños; tu hijo y tu niña interior. Lo que llegamos a decir o los juicios que emitimos muy probablemente los recibiste tú en algún punto de tu infancia.

El comportamiento de tu hijo te conecta con heridas pasadas. Es ahí cuando debes detenerte y pensar por qué estás sintiendo eso, no te desquites con tu hijo y mejor ten una conversación con tu niña interior.

Puede ser que por ejemplo a ti nunca te hayan golpeado de niña y tú ya hayas llegado a lastimar a tus hijos y te preguntes: ¿por qué golpeo a mis hijos, si a mí jamás me pegaron? Lo que puede estar pasando en es que eso que desato tu coraje, hizo que saliera tu niña enojada, triste o frustrada y por eso le hiciste daño a tu hijo.

Antes de explotar con tus hijos, detente un momento a pensar por qué ese acto te hizo estallar. Sé que al leerme puedes decirme, como si fuera tan fácil y créeme sé por experiencia propia que es difícil parar, pero un respiro puede ayudarte. Mejor date la vuelta y aléjate de la escena, tranquilízate, piensa y finalmente resuelve la situación.

Claro que no es fácil, es solo un paso entre la calma o desatar un huracán; “DETENERTE”.

Tu presencia, amor, acompañamiento y sostén emocional es y será fundamental

El ser madre puede ayudarte muchísimo a ser mejor persona; a obtener muchos aprendizajes; a soltar y a poder liberarte de todo lo malo que traes arrastrando desde tu infancia.

Sé perfectamente que no es un camino fácil; el primer paso es querer hacerlo, empieza a conectar con tu niña interior y también debes darle oportunidad a tus hijos de sentir; al igual que tú, tienen todo el derecho de sentirse mal en algunos momentos y así como en los momentos de alegría, también deberás estar en sus momentos de enojo, frustración y tristeza; acompañándolos, siendo su soporte y enseñándole a canalizar esos sentimientos.

Si has lastimado de alguna forma a tus hijos pídeles disculpas, explícales que todo mejorará.

Si no estás acostumbrada a hacer lo siguiente, empieza hoy a abrazarlo, cuando le hablas ponte a su altura, permítele expresarse,  bésalo, juega con él y si lo haces hazlo el doble de veces.

Olvídate de ser la madre que no tuviste o que te hubiera gustado tener, mejor enfócate y canaliza toda tu energía en ser la mejor madre que tu hijo pueda tener.

 

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