Mis mayores aprendizajes con la maternidad

aprendizajes de la maternidad

Ser mamá es sin duda un regalo divino; ver que eres capaz de dar vida no deja de ser mágico. Como todo proceso en la vida tiene sus cosas hermosas y también las que no lo son tanto. Cada mujer vive de forma distinta la maternidad; pero puedo asegurar que si habláramos de las cosas lindas y las difíciles la mayoría coincidiríamos.

Cuando eres mamá primeriza te enfrentas a muchos retos;  y cuando estas planeando ser madre puedo asegurarte que jamás llegas a imaginar lo que tendrás que vivir.

Durante estos dos años que llevo de ser mamá he aprendido muchas cosas; hoy en día puedo decir que soy mejor persona aunque todavía me falta mucho para convertirme en la mujer que deseo, te puedo decir que estoy en el proceso.

Mayte (mi hija) llego a mi vida para cambiarla por completo. Le dio un sentido distinto al que le daba antes y todo ha sido para bien.

El camino ha sido difícil; ha sido un gran reto y un curso intensivo de desarrollo personal y manejo de las emociones; aun así no ha dejado de ser divino.

Si me dijeras que definiera la maternidad en una sola palabra sería amor.

Hoy quiero hablarte de cinco de los mayores aprendizajes que la maternidad me ha dejado; podrían ser muchos más pero estoy considerando aquellos que me han hecho ser mejor persona.

1. No debo hacerme expectativas

Cuando estaba embarazada; mi esposo y yo imaginábamos como sería nuestra bebé y pensábamos solo cosas hermosas. Cuando nuestra hija nació fue todo lo contrario a lo que imaginamos; si bien  no es una niña que llora mucho, confieso que la tranquilidad no es su mayor cualidad.

En los primeros meses las noches fueron realmente complicadas; y durante el día poder hacer algo estando ella despierta era prácticamente imposible.

Haberla idealizado fue un error; porque ver que no era como pensé me complicó muchísimo el proceso inicial.

Ahora sé que no debo hacerme expectativas. No es malo pensar en el futuro, lo malo es idealizar, porque si las cosas no salen como pensaste puede llegar a sentirte muy mal.

Esto no solo en la maternidad sino en cualquier etapa de la vida, debemos aprender a disfrutar más del proceso y no pensar tanto en el resultado, claro que este debe ser tu objetivo, pero para que adelantarte.

Pareciera que siempre queremos ir más rápido en todo; tal vez por eso es que perdemos esa capacidad de asombro y dejamos de disfrutar de las cosas pequeñas.

Me he dado cuenta que si las cosas no salen como esperamos o deseamos no sirve de nada buscar culpables; castigarte, recriminarte, frustrarte, lamentarte o autocompadecerte. Hay que afrontar las cosas como son; aceptarlas y te recuerdo que la aceptación no es resignación,  sino el punto de partida para aprender y mejorar.

He entendido que no hay nada de malo en mi hija ni en mí; las cosas son como tienen que ser y eso no quiere decir que no puedan mejorar.

En los días complicados con mi hija lo que me hace darle la vuelta es pensar que yo seré madre toda la vida; pero ella será niña solo una vez.

2. No debo esperar nada de los demás

Cuando esperaba a mi bebé pensé que podría seguir en mi anterior trabajo porque me ayudarían a cuidarla. La realidad fue muy distinta, no tuve el apoyo que pensé tendría de personas cercanas y no juzgo a nadie; convertirme en mamá no tendría por qué alterar la vida de nadie más, los responsables de cuidar a nuestra bebé somos mi pareja y yo.

Aquellos primeros días de mi maternidad fueron realmente difíciles porque me sentí completamente sola, aunque mi esposo me ayudó muchísimo.

Pero no todo fue malo, también hubo cosas positivas. En aquellos primeros días recibí apoyo de personas que no imagine, la persona que más me ayudo fue la esposa de mi suegro; me dio consejos,  cada que tenía oportunidad iba a verme y prácticamente todos los días me escribía para preguntar como estábamos. Recuerdo el primer episodio de cólicos de mi bebé ella fue la que nos ayudó a calmarla.

Cuando mi hija empezó a comer papillas la persona que me ayudo fue una de mis tías que siempre ha sido como una madre para mí. Ella aun y cuando cuidaba a sus dos nietas pequeñas un tiempo me preparó la comida para mi bebé, en esos momentos supe que no estaba tan sola como me sentí al principio.

Hay personas que no imaginas que estarán para ti pero; aparecen y lo hacen de corazón y eso no tiene valor.

Ahora sé que no debes esperar nada de nadie. Si deseas algo lo mejor que puedes hacer es hablarlo, consultarlo y si por alguna razón no recibes la repuesta que esperabas no debes molestarte o sentirte mal; no podemos disponer del tiempo de los demás, creer que solo porque es tu familiar debe ayudarte es un gran error.

Recuerda dar no implica recibir.

3. Deseo de cuidarme y estar bien

Siempre debe ser una prioridad el estar y sentirte bien, sin embargo; o al menos en mi caso ese deseo se incrementó en el momento en el que me convertí en madre.

Quiero estar saludable para estar con mi hija muchos años y aunque no puedo saber cuánto tiempo viviré lo que esté en mis manos quiero hacerlo bien; ejercitarme, comer bien, meditar.

Al hablar de estar bien no solo me refiero por fuera sino también por dentro. La meditación en lo personal me ha ayudado bastante a sentirme mejor, menos agotada, menos estresada.

Otras herramientas que he conocido, que han sido de mucha utilidad y estoy encantada con ellas son: el mindfullnes, la PNL y  el EFT Tapping.

Cuando llevas una vida en la que inviertes muchas horas en estar en tu centro de trabajo por lo regular tiendes a no cuidarte tanto por; cansancio, estrés o como pasaste muchas horas lejos de tu familia prefieres esa última parte del día estar con tu familia (y es totalmente entendible) que hacer ejercicio, leer o meditar.

Vivir en piloto automático muchas veces no hace alejarnos de los buenos hábitos; dejarlos en segundo plano, cuando siempre debería ser nuestra prioridad.

Desde mi embarazo empecé a ser cuidadosa con lo que comía, practiqué yoga para embarazadas y cuando nació mi bebé, seguí con esos buenos hábitos porque estaba en periodo de lactancia, pero pasando esos tiempos se quedaron esas ganas de estar y sentirme mejor.

Aunque debo reconocer que a veces me falta tiempo o energía trato de al menos dedicar 10 minutos al día para hacer las cosas que me gustan; no puedo decir que es suficiente pero es preferible que no hacer nada y esto me ayuda mucho a llevar de mejor forma mis días.

4. Conocer y entender mis emociones

Ser mamá es una montaña rusa de emociones y es una realidad que no todo el tiempo puedes estar sonriendo y de buen humor y eso no te hace ser una mejor o peor madre.

Ser madre en la actualidad es más difícil de lo que era antes, información por todas partes que engloba muchos mitos que si llegas a creerlos puedes pasarla realmente mal, ojos observándote, dedos señalándote. Vivimos con mucha presión la mayoría de las veces por nuestras propias exigencias; poco apoyo y muchas etiquetas de la sociedad.

Todo eso desata una serie de emociones de todo tipo; es muy importante que no dejes afectarte y en lo personal he aprendido a no juzgarme ni castigarme por sentirme mal; lo que hago es detenerme a pensar por qué me estoy sintiendo de esa manera y que puedo hacer para sentirme mejor.

Poco a poco te vas dando cuenta que todo está en tu cabeza; que muchas veces nuestros pensamientos no nos ayudan y si no logras dominarlos ellos nos dominarán a nosotras y los resultados pueden ser desfavorables.

En estos años que llevo de ser madre he aprendido a disfrutar cuando estoy alegre y a detenerme a pensar porque ciertas cosas me pueden llegar a afectar. Esa lluvia de emociones me han hecho entender que sí, es verdad que soy un ser imperfecto pero que eso no quiere decir que no puedo mejorar.

5. Entender que la vida es un juego

Sin duda uno de los mayores aprendizajes que he adquirido con la maternidad ha sido no tomarme las cosas tan enserio.

He vuelto a reír como cuando era niña; disfruto brincar, correr, jugar, dibujar, iluminar; esas cosas que vas perdiendo conforme crecer y que al principio cuando vuelves a hacerlas ya de adulto hasta llegas a sentirte extraña pero poco a poco vuelves a tomarles ese gusto.

No sé por qué conforme vamos creciendo perdemos esa capacidad de asombro que tienen los niños; dejamos de reír, pareciera que ser adulto es sinónimo de aburrido.

Cuando te conviertes en madre o al menos en mi caso he recuperado esa chispa y la verdad es que la sensación que ha causado en mi es inigualable y sabes que es lo mejor que no quiero volver a perderla.

Mi mayor aprendizaje

Estaría mintiendo si digo que no ha sido complicado adquirir estos aprendizajes; he tenido que  pasar por decepciones, frustraciones, momentos difíciles pero al final todos han sido lecciones y hoy estoy entendiendo el para qué de cada situación vivida.

Cuando veo dormir a mi hija con esa carita de ángel que tiene, cuando me dice que me ama, recibir ese abracito pequeño pero con valor incalculable, esa caricia en mi rostro, esa mirada dulce, esa risa que alegra mi vida, las 500 veces al día que escucho mamáááááááááá!!! Reitero que todo absolutamente todo ha valido la pena y ese es mi mayor aprendizaje; no solo dar amor si no aprender a recibirlo.

Me encantaría que me contarás cuales son los aprendizajes que has adquirido en esta mágica experiencia llamada maternidad, quiero seguir aprendiendo y qué mejor que sea de las vivencias de otras mamis.

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