Heridas de la infancia que dejan huella

heridas de la infancia

El viernes pasado en la sesión grupal con mis alumnos del programa Homeschooling-primeros pasos, tuvimos una charla muy bonita e íntima donde abordamos el tema de las heridas de la infancia y vimos como aquello que vivimos en nuestra infancia sin duda nos dejó huella, que si no somos capaces de sanarlas, se quedan con nosotras, las heredamos a nuestros hijos y por lo tanto a nuestras futuras generaciones.

Como les comentaba a mis alumnos, no se trata de culpar a nuestros padres de nada, ellos hicieron lo que pudieron y con los recursos que tenían; estas heridas emocionales no solo se obtienen cuando los padres ejercen algún tiempo de violencia o falta de amor, incluso la sobreprotección genera heridas; esto muchas veces se cree que es así y tendemos a decir yo no tengo heridas porque mis padres jamás me golpearon, cuando no solo los golpes marcan.

Yo soy una de esas personas a las que mis padres nunca ejercieron violencia física ni verbal; sin embargo, eso no quiere decir que no haya otro tipo de heridas obtenidas en la infancia, reitero no se trata de juzgar, reprochar, ni culpar de nada a nadie.

Hoy somos responsables de nuestras vidas y debemos tomar las riendas, sobre todo ahora que somos madres, sé que tú al igual que yo queremos lo mejor para nuestros hijos y eso incluye muchas veces cortar nuestra cadena transgeneracional y empezar una nueva desde el amor.

¿Qué son las heridas de la infancia?

Son aquellas ausencias de afecto y contacto que nos hicieron falta, así que se quedaron en nosotras como necesidades no resueltas, lo que impidió el correcto desarrollo de nuestro cuerpo emocional.

Las heridas emocionales de la infancia dejan marcas significativas en nuestras vidas. A medida que crecemos seguimos experimentando heridas, pero a diferencia de las heridas de la infancia estas nos pueden llegar a lastimar o decepcionar, pero no con la intensidad de las huellas que dejaron las heridas que obtuvimos en nuestra niñez.

Cuando sufrimos alguna decepción en nuestra vida adulta podemos tomar la decisión de liberarnos del dolor y pedir ayuda de expertos; sin embargo, cuando somos niños es difícil que hagamos esto, no sabemos cómo manejarlo, por lo que crecemos con ellas.

Podemos darles un significado distinto a estas heridas emocionales, ya que muchas veces pueden ser el punto de partida a nuestro crecimiento personal, no las veamos como un error de nuestra infancia o de nuestros padres, quizá esta ha sido una cadena de dolor generacional.

Ahora conozcamos un poco más acerca de las 5 principales heridas emocionales de lainfancia.

1. Rechazo

La herida del rechazo puede estar presente en nuestro hijo desde que está en el vientre y así puede comenzar los primeros años de su vida. Un niño que nace en un ambiente triste, lleno de problemas, caos, lo siente y definitivamente repercute en él, es como si lo respirará.

Desde muy pequeñitos los niños buscan aceptación y si por la razón que sea lo que encuentran por parte de sus padres es rechazo e indiferencia, estos niños crecen con problemas, con un sentimiento de no merecimiento, de que no es digno que las demás personas lo amen, respeten y acepten.

El niño que crece con esta herida suele ser aquel que le tiene miedo al fracaso, que necesitan la aprobación de los demás, que le afecta en demasía lo que otras personas piensan de él.

Todas esas carencias que vivió de niño: caricias, alimento, abrazos, besos, cuidados, ser mirado y sentirse importante,  que le fueron negados será un sentimiento de vacío que lo acompañará a lo largo de su vida si no se dan esa oportunidad de trabajarlo.

2. Abandono

Un niño que carece de protección, afecto, estabilidad, presencia de los padres, crece con esta herida de abandono.

Los niños lo viven común vacío, un sentimiento de soledad, angustia, miedo, desprotección, mirada triste, incapaz de hacerse cargo de sí mismo, suelen hacerse las víctimas; lo que le genera en su vida adulta inseguridad y dependencia emocional, crecen con ese temor a ser abandonados nuevamente por sus parejas, amigos o personas queridas.

Hay jóvenes que maquillan su soledad con falsas amistades, yendo a fiestas, en ambientes donde no se sienten del todo bien, pero que dicen que es mejor a estar solos en sus casas; son rebeldes, indisciplinados; poco comprometidos, etc.

3. Humillación

La herida de la humillación genera un sentimiento de ser poco digno, que algo de ellos está mal. Son aquellos niños que constantemente están expuestos a críticas o comentarios negativos, está demostrado que el dolor que causa la herida de la humillación es similar al dolor que causa la violencia física, ya que ambas comparten los mismos circuitos cerebrales.

Estos niños se convierten en adultos desconfiados, no son capaces de valorarse ni de destacar sus cualidades, tienen baja autoestima, son personas a las que les da mucha vergüenza exponerse.

Es común, que las personas que sufren la herida del dolor también presenten la del abandono, por la falta de valía que vivieron.

4. Traición

Cuando nuestros hijos son pequeños, nos ven como lo máximo, como sus héroes, sus máximas expectativas están puestas en nosotros como padres. Cuando los niños no reciben ese amor, comprensión, cariño, conexión que esperan se genera en ellos un sentimiento de traición.

Los niños que crecen con esta herida se convierten en adultos que constantemente viven con incertidumbre y una gran falta de confianza en las demás personas, les cuesta trabajo mostrar su vulnerabilidad y se les llegan a complicar mucho las relaciones de confianza, porque no llegan a abrirse del todo y no confían en sus parejas.

5. Injusticia

En los ambientes familiares en donde se respira desprotección y desventajas es en donde la mayoría de las veces se genera la herida de la traición en los pequeños.

Por ejemplo, cuando los padres hacen diferencias entre hermanos; falta de reconocimiento; abuso; falta de equidad; exigencia; faltas de respeto, hacen que los niños crezcan con un sentimiento de traición.

Estos niños generalmente crecen con la idea de que no deben equivocarse, se exigen mucho a sí mismos y a los demás, tienen una visión muy cuadrada, les cuesta mucho ser flexibles y espontaneos.

Comentarios finales

Cuando no te das la oportunidad de sanar tus heridas das pie a que estas manejen tu vida, el dolor original constantemente aparecerá en tu vida y lo verás reflejado en tu pareja, hijos, personas especiales para ti.

El proceso para sanarnos no es de una semana, requiere tiempo y es compromiso con nosotras mismas a cada día querer ser mejores personas.

Me encanta esta frase de Buda: “somos los que pensamos y con nuestros pensamientos construimos la realidad”.

Generalmente el dolor que nos causan estás heridas está envuelto por malos hábitos. Por ejemplo comer demasiado, beber alcohol, fumar, aguantar relaciones negativas, dormir mal, alimentarte de manera insaludable…

Mientras más grande sea nuestra herida, con más frecuencia saldrá nuestra niña herida en distintos momentos de nuestras vidas y cuando formamos una familia nuestros mejores espejos nuestras parejas e hijos.

No heredemos patrones negativos a nuestros hijos, hagamos de sus infancias la mejor etapa de sus vidas, no les robemos la niñez que es algo realmente maravilloso.

No busquemos ser madres perfectas, si no efectivas, seamos esas madres que nuestros hijos necesitan. Reconozcamos nuestras necesidades, esas heridas emocionales con las que crecimos y empecemos a trabajarlas, cada día podemos hacerlo mejor y claro que podemos hacerlo, tenemos a nuestro favor el gran amor hacia nuestros hijos.

Que mejor y más grande acto de amor que empezar a sanarnos a nosotras para poder estar bien con los demás, sobre todo para poder llegar a ser nuestra mejor versión de nosotras mismas en todas las áreas de nuestras vidas.

 

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